sábado, 24 de marzo de 2007

Construcción de la escuela 6136



Constructores de la Escuela de Cayastacito posando muy satisfechos de la importancia su obra.

¡Tenían razón de estarlo! Esta escuela con abnegados docentes, brindaron educación a cientos de chicos que llegaban a caballo, en sulky, en carros, a pie desde el campo y el pueblo. Sus guardapolvos blancos daban un tinte especial a las calles durante los horarios de entrada y salida.

Los actos escolares tenian una convocatoria extraordinaria. Constituían un acontecimiento social muy importante, Estancieros con muchas hectáres de campo o simples empleados, no había diferencias, todos concurrian a ver la actuacion de sus hijos en los actos que las maestras preparaban con tanto amor.

Bailes tradicionales, lectura de poesías, obras de teatro, las caritas tiznadas con con corcho quemado, los ponchos de bolsas de arpillera con cintas de colores para bailar el carnavalito. Todo se preparaba con mucho esmero para semejantes acontecimientos... Una vez actué de relojero, hasta la lupa, esa que se montaba en el ojo me habia prestado Elizalde, que además de encargado de la cremería conocía el oficio y tenía herramientas. Tanta admiración le tome al oficio que en mi adolescencia hice un curso de relojero por correspondencia, los relojes digitales dejaron sin el misterio que significaba coordinar los movimientos de tantos engranajes diminutos moverse con la energía de la cuerda.

Recuerdo los carruajes con sus caballos estacionados a la vuelta de la manzana cuando se concertaba algun evento de este tipo. ¿Autos? Estoy hablando de la segunda mitad de la decada del 60... El mundo ya conocía perfectamente los automóviles, pero en Cayastacito, habría uno o dos. Quizas alguien con memoria podria llegar a contarme que autos eran y quienes sus dueños.

Escriban a: cayastacito@argentina.com

¡Cuantos que disfrutamos de la enseñanza en esa maravillosa escuela!

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